viernes, 8 de febrero de 2008

Rituales, manías...

De los niños con síndrome de Asperger se dice que tienen gran apego a los rituales, que casi siempre han de seguirlos y si se rompe alguno de sus pasos reaccionan, a veces, con angustia o ira. Tal vez sea éste uno de los rasgos de esta alteración que más cumple nuestro hijo.

Hay determinadas cosas que siempre ha de hacer de una manera concreta y además las ha de hacer él, porque si a alguien se le ocurre entrometerse en el proceso inmediatamente lo "deshace" y lo vuelve a hacer.

Por poner sólo un ejemplo, está el de la hora de acostarse. Últimamente siempre ha de hojear un diccionario en imágenes que le trajeron los Reyes, avisados de que el refuerzo visual es muy importante para su aprendizaje. Tiene que ser él quien coloque el libro en la cercana estantería (como lo hagamos mi mujer o yo se puede montar la bronca) y luego saca a su muñeco Lucho de la cama, lo sienta en una silla que le hemos de colocar cerca (no sirve para nada, pero tal vez él piense que le protege ante una posible caída al suelo), le coloca la pierna derecha (siempre la derecha), le atusa un poco el pelo y ya puede meterse en la cama. Así, siempre...

Las manías son también unas cuantas, pero la más llamativa es la de las puertas. Desde bien pequeño le han fascinado, tanto que si tiene una al alcance de su mirada muchas veces es incapaz de fijarse en otra cosa. Además, parece que tuviéramos querencia, porque en numerosos restaurantes y otros lugares siempre, ¡oh, casualidad! nos han tenido que poner cerca de la dichosa puertecita. A nuestro hijo le encanta cerrarlas, abrirlas, recrearse en la suerte de tocar el pomo, hacer la onomatopeya de una bisagra mal engrasada (¡y a fe mía que lo hace bien!)

La única solución es la famosa "extinción" de la que hablaré en un próximo mensaje. Pero antes hemos probado de todo. A integrar esta obsesión en el discurso normal, a regañarle (ambas cosas son un grave error), pero nada, él sigue en sus trece.

Más reciente es su obsesión por los lavabos públicos. Siempre los ha de catar. (Esto tal vez no tendría que extrañarnos porque nuestra hija, que no tiene alteración alguna, también tiene que visitarlos todos...) Hoy, que es viernes, hemos de ir a la Escuela de Música municipal, donde asiste a clases de música y movimiento (que le han venido de perlas para sus problemas sicomotores); siempre, al llegar, se me acerca, me mira fijamente a los ojos (¡esto le aleja del Asperger!) y me dice: "Me hago pis." Yo no le presto atención (¡extinción!), pero insiste. Si finalmente no logra su objetivo de inmediato, él espera, no se rinde. Cuando le doy la merienda, empieza a decirme que se ha manchado (con lo cual tiene que ir al servicio). Finalmente lo logra, porque la idea de que verdaderamente tenga una necesidad fisiológica puede con mi estricto cumplimiento de la dichosa "extinción"...

1 comentario:

Elinha1995 dijo...

Yo también soy aspie y mis manías son encender y apagar la luz un número par de veces o tres, comer tres o un número par de galletas (esta últimamente la llevo mejor, sin ir más lejos hoy he desayunado 5). Estas eran mis manías antes y aunque ahora siga algo ya están casi superadas. Tengo 16 años.