jueves, 18 de septiembre de 2008

Vuelta al cole

Aunque algo nos habían insinuado ya las orientadoras del colegio, hemos empezado el curso con una agradable sorpresa: la profesora de nuestro hijo durante los dos próximos años va a ser la misma que el curso pasado hizo la suplencia durante la cual él avanzó más que en todo el primer ciclo de Primaria. Una profesora con experiencia en educación especial, que entiende su problema y que se esforzará en que se integre más si cabe en la clase y en que aprenda conocimientos y a vivir, que para eso está el colegio.

Parece que de momento no le ha costado mucho volver a la rutina escolar, que a partir de esta semana empezará a completarse con las actividades extraescolares inevitables pero necesarias (su asistencia al gabinete de sicólogos) y voluntarias pero imprescindibles (sus clases de música: este año empezará con su trompeta. Ojalá se le dé bien y sea una de esas habilidades que hay que potenciar...)

Y aunque no tiene que ver nada con la vuelta al cole... Uno de los rasgos de nuestro hijo que más que probablemente esté relacionado con el Asperger es que nunca se queja. Muy fuerte, pero que muy fuerte tiene que ser un dolor para que realmente diga que le duele. Por eso, el día que se queja de verdad, es para echarse a temblar... Eso ocurrió hace unos días. Llegó casi arrastrando los pies al sofá donde yo estaba sentado y me dijo: "Papá, estoy muy malito". Poco después vomitó hasta la primera papilla. Él se quejaba de dolor de tripa e incluso intentó ir al servicio varias veces. No sabía que le pasaba o no sabía expresarlo. Este tipo de cosas son las que debían leer los que creen que las personas con síndrome de Asperger no necesitan ayuda porque son unos tíos con una inteligencia privilegiada...

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