martes, 10 de junio de 2008

Un gran día

El sábado pasado fue un gran día para nuestro hijo. Desde hace cuatro años asiste a la Escuela de Música Municipal de nuestra ciudad a Música y Movimiento, algo muy recomendable para su psicomotricidad. Éste es el último curso y se han despedido con una actuación en el teatro.

Al principio, él odiaba actuar (y, encima, en su colegio lo hacen, en Educación Infantil, dos veces al año... ¡Qué alivio cuando pasó a Primaria!). La rabieta estaba asegurada, apenas éramos capaces de ponerle los disfraces aunque al final acababa accediendo. Luego, salía al escenario como ido, mirando a ninguna parte o a todas o con la vista fija en algún estímulo como los focos del techo.

Por eso, cuando llegaban épocas como la Navidad o los finales de curso, yo me ponía enfermo viendo cómo las madres de los otros niños nada más que se preocupaban de que el disfraz que estaban haciendo o habían comprado a sus hijos estuviese perfecto. Que si el lazo tiene que ser así... Que si la tela tiene que ser de tal color... Y yo sólo sufriendo al pensar qué podría hacer (o pensar) él al salir a la palestra...

Sin embargo, con el paso del tiempo se ha acostumbrado y creo que hasta le gusta. Lo que no ha cambiado es cómo nos ponemos nosotros de nerviosos y tensos. El sábado pasado su actuación era una especie de "fin de fiesta", fue uno de los que más se lució, pero se hizo esperar. Yo no hacía otra cosa que pensar que estaría haciendo entre bastidores los casi tres cuartos de hora que tardó en aparecer, sin tener la referencia de sus padres o de otras personas conocidas (por suerte una de las "madres voluntarias" que ayudó a la profesora-directora del espectáculo es una vecina que conoce perfectamente a nuestro hijo).

Y salió. ¡Actuó! (Asumir papeles es una de sus mayores dificultades: su juego simbólico siempre ha sido rudimentario y cuando en casa su hermana intenta jugar con él y le dice "tú eras el príncipe" él siempre responde "yo no soy un príncipe, soy un niño") ¡Tocó la trompeta de verdad que le trajeron los Reyes Magos"! ¡La profesora (que sabe lo que le pasa) le hizo prometer delante de todo el público que estudiaría a partir del curso que viene para aprender a tocar la trompeta!

Mereció la pena esa hora de cara recalentada y manos frías...

1 comentario:

Alma Cándida dijo...

MI MÁS SINCERA ENHORABUENA

Un abrazo para el pequeño trompetista :)

Es tan importante que no sufran... más de lo que no podemos ya evitar...