viernes, 27 de junio de 2008

Acabó el curso... y el ciclo

Nos acaban de entregar las notas y nuestro hijo, con sus adaptaciones curriculares, ha superado las pruebas y va a pasar a Tercero de Primaria. Por tanto no sólo acaba el curso, sino también un ciclo que abarca los dos primeros años en esta nueva etapa.

El balance es, en general, positivo, aunque con sus sombras. Ya he comentado por aquí que valoramos enormemente el esfuerzo hecho por el equipo de orientadoras del colegio, que con unos medios ciertamente precarios están trabajando y estudiando intensamente para apoyar a nuestro hijo. Es algo que agradecemos mucho y que nos sirve para estar seguros de mantenerle en este centro mientras podamos, ya que está bastante bien integrado en él (ellas nos han dicho que van a hacer lo posible para que él este allí "hasta que le salga bigote") y ello a pesar de la existencia en nuestra ciudad de algunos centros preferentes con planes especialmente adaptados para niños con trastornos generalizados del desarrollo.

La sombra ha estado en la profesora que ha tenido estos dos años. Ha podido con ella. Para ella, posiblemente es un alivio haber terminado con este grupo. Tampoco la culpo demasiado. Es una mujer cercana a la jubilación, una profesora "tradicional" poco acostumbrada a la digamos "diversidad" en las aulas. Hace ya bastante tiempo un pediatra nos dijo que en los colegios y guarderías los profesores lo que querían era "o veinte listos o veinte tontos, pero no dieciocho y dos". Quizá las nuevas hornadas vengan más acostumbradas a que dar clase en un colegio ya no se va a limitar a explicar una lección, sino a tener que adaptarse a las cada vez más variadas necesidades especiales de determinados alumnos, ya sea por su desconocimiento del idioma al ser unos recién llegados o, como en el caso de nuestro hijo, porque su alteración le haga ver el mundo de una forma diferente a la habitual y que muchas veces no se comprende. Porque pensar que algunas actitudes de nuestro hijo eran actos premeditados contra ella es no entender la mente de alguien con síndrome de Asperger, que es incapaz de maquinar nada.

Por eso, Dios padre me perdone, cuando en enero de este año esta profesora sufrió una fractura en un brazo y se dio de baja y en su sustitución vino una persona más joven que además es experta en educación especial, casi que me alegré. No por el daño de esta profesora, sino por ese aire fresco que permitió que el pesimismo acumulado en los meses anteriores (lógico, si en una reunión se nos da a entender que "no puede con él") y gracias al que, sin ambages, me permito decir que nuestro hijo ha progresado más en los casi seis meses que ha estado con esta otra profesora que en el resto de los dos años del ciclo. ¡Que importante para niños como nuestro hijo contar con profesores que les comprendan, aunque sólo sea un poquito!

¿Reciclado imposible? ¿Profesor maduro igual a profesor incapaz de llevar una clase con alumnos que tienen necesidades especiales? No quisiera creerlo, me gustaría que éste fuese un caso aislado de algo en extinción...

martes, 10 de junio de 2008

Un gran día

El sábado pasado fue un gran día para nuestro hijo. Desde hace cuatro años asiste a la Escuela de Música Municipal de nuestra ciudad a Música y Movimiento, algo muy recomendable para su psicomotricidad. Éste es el último curso y se han despedido con una actuación en el teatro.

Al principio, él odiaba actuar (y, encima, en su colegio lo hacen, en Educación Infantil, dos veces al año... ¡Qué alivio cuando pasó a Primaria!). La rabieta estaba asegurada, apenas éramos capaces de ponerle los disfraces aunque al final acababa accediendo. Luego, salía al escenario como ido, mirando a ninguna parte o a todas o con la vista fija en algún estímulo como los focos del techo.

Por eso, cuando llegaban épocas como la Navidad o los finales de curso, yo me ponía enfermo viendo cómo las madres de los otros niños nada más que se preocupaban de que el disfraz que estaban haciendo o habían comprado a sus hijos estuviese perfecto. Que si el lazo tiene que ser así... Que si la tela tiene que ser de tal color... Y yo sólo sufriendo al pensar qué podría hacer (o pensar) él al salir a la palestra...

Sin embargo, con el paso del tiempo se ha acostumbrado y creo que hasta le gusta. Lo que no ha cambiado es cómo nos ponemos nosotros de nerviosos y tensos. El sábado pasado su actuación era una especie de "fin de fiesta", fue uno de los que más se lució, pero se hizo esperar. Yo no hacía otra cosa que pensar que estaría haciendo entre bastidores los casi tres cuartos de hora que tardó en aparecer, sin tener la referencia de sus padres o de otras personas conocidas (por suerte una de las "madres voluntarias" que ayudó a la profesora-directora del espectáculo es una vecina que conoce perfectamente a nuestro hijo).

Y salió. ¡Actuó! (Asumir papeles es una de sus mayores dificultades: su juego simbólico siempre ha sido rudimentario y cuando en casa su hermana intenta jugar con él y le dice "tú eras el príncipe" él siempre responde "yo no soy un príncipe, soy un niño") ¡Tocó la trompeta de verdad que le trajeron los Reyes Magos"! ¡La profesora (que sabe lo que le pasa) le hizo prometer delante de todo el público que estudiaría a partir del curso que viene para aprender a tocar la trompeta!

Mereció la pena esa hora de cara recalentada y manos frías...

lunes, 2 de junio de 2008

La regañina imposible

(Como imposible ha sido, por motivos de trabajo, escribir en esta bitácora durante un tiempo, lo cual me da bastante rabia)

Todos hemos de coincidir en que regañar a los niños es fundamental; no podemos dejar que den rienda suelta a todos sus instintos y siempre se hace necesario fijar los límites de su comportamiento.

Sin embargo, con un hijo como el nuestro esta tarea se puede convertir en una misión imposible.

Porque muchas veces hace cosas que merecen una regañina o un castigo. Contesta mal, grita, pega a su hermana. Y en ese momento hay que regañarle. Cualquier niño, ante esa amonestación bien llora o bien se calla y baja la mirada. Él no. Él repite aumentado lo que tú le dices. "No hagas eso". "¡No hagas eso tú!". "Estoy enfadado contigo". "¡El que se ha enfadado soy yo!". Y así.

Curiosamente, estos comportamientos tienen lugar sobre todo en casa. En la consulta de sus sicólogos nunca. Tanto es así, que cuando lo consultamos nos llegaron a pedir que le grabásemos en vídeo en casa para poder analizar la reacción ya que ni intentándola provocar se producía en el despacho de su sicóloga. Con estos datos, queda claro que aún nadie ha sido capaz de sugerirnos una solución para esto y sólo nos queda aguantar esos gritos, esas reacciones exageradas que casi siempre suelen terminar en una llantina acompañada por un "pregúntame qué me pasa"...